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El incierto futuro del fútbol sudamericano

¿Cuánto puede durar el fútbol sudamericano? Mejor dicho, ¿cuánto tiempo más puede durar el verdadero fútbol sudamericano, aquel de los artistas y los goles?

¿Cuánto tiempo durará antes que los atrayentes y ricos seguidores del fútbol europeo se lleven todo lo que distingue de verdad el juego de países como Argentina, Brasil o Uruguay?

No es ya una pregunta retórica. La insidiosa diáspora del fútbol europeo lleva ya bastante tiempo en desarrollo, no sólo en Sudamérica, sino también en África, Asia y en Estados Unidos.

En Norteamérica, por ejemplo, la europerización del fútbol viene de lejos. Todos esos entrenadores y ojeadores, todas esas exhibiciones y partidos amistosos, todas esas alianzas con otros clubes y el maravilloso apoyo económico que conlleva y, por supuesto, todas esas mágicas palabras sobre la ayuda al desarrollo de este deporte como si en Estados Unidos todos estuvieran esperando a los sacros misionarios europeos del fútbol. Y una vez que este proceso comience a funcionar, el talento estadounidense florecerá y los mejores jugadores se irán a Europa.

Lo que genera una seria cuestión: si asumimos que el indicador principal de un serio país futbolístico es una liga profesional competitiva, entonces ¿cómo ayuda al crecimiento de la MLS que los mejores jugadores locales emigren a Europa?

La FIFA está intentando al menos frenar este proceso, por ejemplo al cambiar en 2009 la normativa de traspasos internacionales de menores, que ahora impide –salvo en contados casos excepcionales- que los menores de 18 años jueguen en un equipo de otro país. Lo que nos lleva de vuelta a Sudamérica y a una triste –pero muy relevante-historia que está teniendo lugar en Brasil.

Wellington Silva es un delantero de 17 años perteneciente al Fluminense, uno de los conjuntos punteros de Río de Janeiro. Como es lo suficientemente bueno para jugar en el primer equipo, ha fichado ya por un club europeo (el Arsenal inglés). No puede mudarse a Inglaterra hasta enero, cuando cumpla los 18, pero su vida ya ha cambiado de arriba abajo. No ha vuelto a jugar en varios meses con el primer equipo, porque según su entrenador, Muricy Ramalho “su mente ya está en Inglaterra”.

Wellington dice que Ramalho apenas habla con él, admitiendo que ahora mismo ya está totalmente concentrado en el Arsenal.

Así que una regla de la FIFA con buenas intenciones, tiene cero efecto. En Brasil y Argentina, en particular, tienen una gran experiencia en el daño causado a su fútbol local por los clubes europeos. Echando un vistazo a la Primera División de Argentina, River Plate marcha en octava posición mientras que Boca Juniors ocupa la décima plaza. ¿Y por qué no? ¿Cómo es possible que puedan mantener su hegemonía en el fútbol argentine cuando están continuamente perdiendo a sus mejores talentos?

Tan pronto como una nueva promesa aparece en el primer equipo, ya está en las miras de Europa. Porbablemente incluso antes de que ya tenga contraro con un agente cuyo objetivo sea encontrar pretendientes en Europa. El caso antes mencionado de Wellington no es algo aislado.

Por un lado es una situación beneficiosa para todos: los clubes europeos se llevan a los jugadores, los clubes sudamericanos reciben jugosos traspasos, el joven jugador y su familia –que no suelen ser ricos- reciben mucho dinero. Nadie tiene interés en impeder que los chicos se vayan, pero los efectos de este proceso serán desastrosos para el fútbol de ambos países.

En lo que respecta a los clubes, no es una situación sana que se den cuenta de que producir jugadores para ser vendidos a Europa –cada vez a edades menores- se ha convertido en una de sus funciones más importantes y en una de sus principales fuentes de ingresos. Los aficionados saben que en cuanto descubran a su nuevo ídolo sus posibilidades de verle mucho y de que les lleve a ganar algún título son realmente bajas, y que ahora pueden despedirse de él antes de que cumpla 20 años. Y una despedida de verdad, porque el jugador no se irá a una ciudad cercana sino a otro continente.

¿Cuánto tiempo pasará antes de que el fútbol sudamericano forme sistemáticamente jugadores con características europeas, porque esos serán los jugadores con mayor valor en el mercado europeo? En teoría esto suena improbable, porque al fin y al cabo lo que más atrae a los clubes europeos es el hecho de que los jugadores sudamericanos son diferentes.

Pero esto solo es la mitad de la realidad. La principal atracción reside en que el manejo del balón de los sudamericanos es mejor que el de los europeos, y que esos jugadores pueden ser entrenados en Europa para adaptarse a un juego más físico y táctico. ¿Entonces por qué este proceso no puede comenzar en Argentina o Brasil? Lo verdaderamente triste y alarmante de este proceso es que es casi automatico y es muy difícil de identificar, hasta que el daño está hecho. De esta forma el futuro del fútbol sudamericano se torna incierto.

De repente, puede crecer por momentos el miedo a que el mercado convierta a futuros jugadores como Pelé o Maradona en jugadores de eficiencia europea pero sin esa magia sudamericana, dirigidos por entrenadores modernos. Esperemos sin embargo que la enorme cantidad de talento que hay en sudamerica siga prevaleciendo.

Artículo escrito por Paul Gardner, columnista de Soccer America y World Soccer

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